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sábado, junio 20, 2009

ALTA EN EL CIELO


Cada nación tiene su historia con sus días memorables y con sus símbolos. Sin embargo, en los últimos tiempos -estos tiempos llamados del desencanto posmoderno, de la globalización, del visible nuevo maquiavelismo- los símbolos han perdido bastante la representatividad espiritual que los caracteriza.
La bandera argentina fue creada por Manuel Belgrano el 27 de febrero de 1812, durante la gesta por la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata; Belgrano tomó los colores de la escarapela que ya estaba en uso. La primera vez que la bandera se izó en Buenos Aires fue el 23 de agosto de 1812, en la torre de la iglesia de San Nicolás de Bari, donde hoy se encuentra el Obelisco. El 8 de junio de 1938, con aprobación del Congreso, el entonces Presidente de la Nación, Roberto Ortiz, promulgó una ley que dispone que el 20 de junio, fecha de fallecimiento de Manuel Belgrano sea el Día de la Bandera, como homenaje a su creador.
Pero,..¿Por qué un paño con tres franjas horizontales -dos azules y una blanca- tiene que ver con nosotros?
No existe ninguna razón de naturaleza que justifique nuestra nacionalidad en esos colores. Pero sí existe una razón histórica. En un momento dado, Belgrano tuvo la feliz idea de crear una bandera para los argentinos. Una larga continuidad de años confirmó la representatividad, en todo lo que anhelamos como mejor para el país. En los tiempos de Belgrano era la separación de España, el comenzar a vivir una vida nueva e independiente, comenzar a crecer solos. En la época de Urquiza, por ejemplo, era la organización jurídico política. No es que esos ideales hayan dejado de tener valor, pero no se trata ya de algo que se nos impone -salvo en la obligación de mantenerlos- como algo a alcanzar ahora.
Entre otras cosas, la bandera reclama una mayor honestidad en el ejercicio de la función pública. Que se acabe con la corrupción, el robo y la mentira. La honestidad -algo que San Martín colocaba por encima de la valentía y del saber- es algo que se nos debe ser exigible a todos. La unidad de los argentinos para buscar realmente el bien de todos y no solamente el de unos pocos o los del propio partido. La bandera hoy, también significa que existan mayores posibilidades de trabajo, que se busque intensamente la seguridad de los ciudadanos, que podamos vivir ciertamente en paz, que se tengan en cuenta las condiciones de los ciudadanos -las intelectuales, por ejemplo- y se les ofrezcan las oportunidades que les correspondan.
Pensar en la Bandera, no es sólo pensar en un pedazo de tela bicolor, tal vez desgastada por el aire de la alta montaña, o curtida por el sol intenso del verano; es pensar en manifestaciones, guerras y victorias; campeonatos y torneos, distinciones laborales y de estudio, medallas y condecoraciones obtenidas por el arrojo individual y en equipo; estando presente en todos estos momentos, la misma idea: defender y respetar a nuestro país y a nosotros mismos, uniendo fuerzas, obligaciones y sacrificios.
Ahora, pensemos los argentinos… ¿cuál es nuestra bandera?..la propia, la de los sueños por cumplir, y la del camino desandado…¿Será que estamos en el tiempo de llevarla con orgullo y dignidad como los próceres de antaño? Las dificultades de estos tiempos, nos comprometen a todos, adultos, jóvenes, y niños a seguir proponiendo la “construcción” de lo venidero, enarbolando la bandera interna, esa que quizás no se ve a simple vista, pero que es el motor que nos impulsa a los desafíos.
Andar por la vida sin bandera sería declararnos muertos desde el vamos. No esperemos que la bandera sola nos otorgue lo mejor. Ella se carga de todo lo mejor de cada uno de nosotros y nos empuja a seguir buscándolo. De nosotros depende su permanencia casi inalterable y su brillo como símbolo de toda una Nación.

“Alta en el cielo,

un águila guerrera
audaz se eleva en vuelo triunfal;
azul un ala del color del cielo,
azul un ala del color del mar….”
(Quesada – Illica)