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martes, octubre 13, 2009

12 de Octubre . Quizá alguna vez nos preguntamos con cuál de estas denominaciones nombrar la fecha que recordamos hoy..?


¿Día de la raza?, ¿Conquista de América?, ¿Encuentro de dos culturas?, ¿Descubrimiento del continente americano? Ultimo día de libertad de los pueblos indígenas latinoamericanos?

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Cito a la historiadora, Dora Bordegaray:
"…A fines de la década de 1990 un grupo de diputados argentinos, presentaron un proyecto de ley para derogar el “decreto presidencial del 4 de octubre de 1917 por el cual se instituye el 12 de octubre como Día de la Raza”. Sostenían en su propuesta que no pretendían crear nuevos antagonismos entre las culturas participantes de nuestra sociedad pero que “no se puede condenar a los pueblos originarios ni a nosotros mismos a conmemorar como Día de la Raza o ‘encuentro de dos culturas’ la fecha que dio inicio al mayor genocidio ocurrido en nuestro continente”. Fundamentaron su pedido en datos históricos que caracterizan a las grandes potencias europeas de los siglos XV y XVI como imperios coloniales que no dudaron en saquear a este continente nuevo, masacrando y esclavizando a su población. Primero fue el Imperio Español, usando una donación del papa Alejandro VI como argumento jurídico; luego hicieron lo suyo Portugal, Francia, Inglaterra y Holanda. El proyecto sostenía, por último que la situación actual de marginación, transculturación y hambre de los pueblos originarios también “tiene su arraigo en un sistema educativo” que desconoce los aportes de las comunidades indígenas, brindando sobre ellos información distorsionada y carente de valor, con una visión que prioriza la mirada europea por sobre la argentina" ...
Demás está decir que el proyecto mencionado no prosperó y sigue en pie el decreto firmado por el presidente Hipólito Irigoyen,
Transcurridos casi 100 años de la redacción del decreto quizás sea posible advertir la multiplicidad de causas que se entramaron para provocar su promulgación, descubriendo o develando un proceso mucho más complejo que lo que hoy podríamos entender como anti-indigenista.
Desde aquel 4 de octubre de 1917 y con la serenidad que da la distancia temporal quizás haya llegado el momento de repensar las condiciones en que se decretó una fiesta que quería darles más peso a los valores que se consideraban positivos en cuanto a la búsqueda de una identidad común y de la cual quedaban excluidos los grupos indígenas.
Hoy día es posible encontrar gran cantidad de ciudadanos descendientes de los inmigrantes que crean pertinente continuar el festejo.
Pero también se escuchan las voces de los descendientes de los pueblos originarios que piden sea considerado el día 11 de octubre como una jornada de duelo por simbolizar el último día de libertad de los pueblos. A ellos no se los nombra en el decreto, pero tampoco se nombra a otros grupos que quedaron eliminados de la posible participación en el mito del “crisol de razas” que se enseñó como origen de nuestra nacionalidad. Fuera quedaron todos los inmigrantes que reclamaron, que pusieron en duda el sistema, que lucharon por una sociedad más justa.
¿Qué será posible advertir hoy? Tomando en cuenta que advertir es observar, hacer notar, sería posible profundizar en el debate acerca de la forma en que se organizó nuestro país, se formó nuestro sistema educativo y se eliminó el “problema” del gaucho y del indio, modelo que luego se aplicó a los inmigrantes considerados rebeldes y peligrosos. Podríamos fijar la atención en que una memoria impuesta como única es sólo parte de la verdad, en el mejor de los casos.
Desde el re-establecimiento de la democracia en 1983 hasta hoy, ciertamente algunos grupos, han desarrollado organizaciones suficientemente fuertes como para hacer oír su voz en el panorama nacional, sobre todo en el caso de los Mapuches del Sur o los Tobas del Chaco, que han llegado a tener representación parlamentaria, o los collas del norte quienes hace un par de años protagonizaron una masiva movilización hacia la capital en reclamo por los derechos de sus tierras, cuestión que también hoy llevan como causa muchos hermanos diaguitas de nuestra provincia
¿Qué advertir hacia el futuro, en el sentido de prevenir? Quizás debamos poner en juego todas nuestras memorias para confluir en un Día de los pueblos o de las naciones en el que se festeje la diversidad de nuestras culturas y al mismo tiempo hagamos duelo por nuestros antepasados que soñando con su libertad, con un futuro mejor, nos dejaron en herencia los relatos de sus luchas.

Lejos del día 12 de octubre de 1492, a más de 5 siglos, no debemos perder de vista que hoy nuestros hermanos indígenas siguen peleando porque se les reconozcan sus derechos, por recuperar la identidad y por salir de la marginación a la que esta sociedad los ha sometido
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12 de Octubre de 2009.

La Argentina, uno de los países de la región que menos invierte en libros


(Extraído de Infobae.com – 13 de Octubre 2009)
Un informe de PricewaterhouseCoopers (una empresa que ofrece servicios de auditoría, asesoramiento impositivo, y legal y advisory) reveló que en 2008 el consumo general de libros generó ganancias por u$s 115.266 millones, de los cuales apenas 4.772 corresponden a Latinoamérica. Mientras que países como Chile invierten 11 dólares a la hora de instruirse con libros, la Argentina sólo desembolsa 6, unos 22 pesos, que alcanzan para comprar libros de malas ediciones. Brasil se destaca como potencia, al invertir cerca de 19 dólares por año por persona, cifra que si bien está lejos de Francia, el país que más compra, representa tres veces el gasto argentino. Es decir, un habitante brasileño lee tres veces lo que un argentino. México gasta un poco más que la Argentina, 8 dólares, y Venezuela mucho menos, sólo 1 dólar por persona.
El trabajo de la consultora reveló que el 43,63% de las ventas totales del 2008 corresponde a la región de Europa, Oriente Medio y África; el 28,28%, a América del Norte; y el 23,97%, a la región de Asia Pacífico.
El continente de la Argentina es la región del mundo que menos dinero destina a la cultura del libro, y encima la proporción es despareja, ya que son los brasileños los que generan el 70% de las ganancias del sector. El 30% restante, unos u$s 1.474, deben distribuirse entre países como la Argentina, México, Colombia, Chile y Venezuela. Con lo cual, lo que aporta el país a esta producción es casi imperceptible.
A nivel mundial son los lectores franceses los que más invierten en libros, unos 144 dólares al año, seguidos por los israelíes, con u$s139; los alemanes, con 114; los españoles, con 111; los italianos y los norteamericanos con 110; y los ingleses, con 107 dólares.
Un dato interesante que surge del trabajo es que luego de los Estados Unidos -donde el gasto total llegó a los u$s 30.945 millones- el país del mundo en donde más libros se venden es China, en donde las ventas fueron de u$s 10.250 millones. Sin embargo, debido a la elevada población, la inversión por persona por año es de apenas 8 dólares.

sábado, junio 20, 2009

ALTA EN EL CIELO


Cada nación tiene su historia con sus días memorables y con sus símbolos. Sin embargo, en los últimos tiempos -estos tiempos llamados del desencanto posmoderno, de la globalización, del visible nuevo maquiavelismo- los símbolos han perdido bastante la representatividad espiritual que los caracteriza.
La bandera argentina fue creada por Manuel Belgrano el 27 de febrero de 1812, durante la gesta por la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata; Belgrano tomó los colores de la escarapela que ya estaba en uso. La primera vez que la bandera se izó en Buenos Aires fue el 23 de agosto de 1812, en la torre de la iglesia de San Nicolás de Bari, donde hoy se encuentra el Obelisco. El 8 de junio de 1938, con aprobación del Congreso, el entonces Presidente de la Nación, Roberto Ortiz, promulgó una ley que dispone que el 20 de junio, fecha de fallecimiento de Manuel Belgrano sea el Día de la Bandera, como homenaje a su creador.
Pero,..¿Por qué un paño con tres franjas horizontales -dos azules y una blanca- tiene que ver con nosotros?
No existe ninguna razón de naturaleza que justifique nuestra nacionalidad en esos colores. Pero sí existe una razón histórica. En un momento dado, Belgrano tuvo la feliz idea de crear una bandera para los argentinos. Una larga continuidad de años confirmó la representatividad, en todo lo que anhelamos como mejor para el país. En los tiempos de Belgrano era la separación de España, el comenzar a vivir una vida nueva e independiente, comenzar a crecer solos. En la época de Urquiza, por ejemplo, era la organización jurídico política. No es que esos ideales hayan dejado de tener valor, pero no se trata ya de algo que se nos impone -salvo en la obligación de mantenerlos- como algo a alcanzar ahora.
Entre otras cosas, la bandera reclama una mayor honestidad en el ejercicio de la función pública. Que se acabe con la corrupción, el robo y la mentira. La honestidad -algo que San Martín colocaba por encima de la valentía y del saber- es algo que se nos debe ser exigible a todos. La unidad de los argentinos para buscar realmente el bien de todos y no solamente el de unos pocos o los del propio partido. La bandera hoy, también significa que existan mayores posibilidades de trabajo, que se busque intensamente la seguridad de los ciudadanos, que podamos vivir ciertamente en paz, que se tengan en cuenta las condiciones de los ciudadanos -las intelectuales, por ejemplo- y se les ofrezcan las oportunidades que les correspondan.
Pensar en la Bandera, no es sólo pensar en un pedazo de tela bicolor, tal vez desgastada por el aire de la alta montaña, o curtida por el sol intenso del verano; es pensar en manifestaciones, guerras y victorias; campeonatos y torneos, distinciones laborales y de estudio, medallas y condecoraciones obtenidas por el arrojo individual y en equipo; estando presente en todos estos momentos, la misma idea: defender y respetar a nuestro país y a nosotros mismos, uniendo fuerzas, obligaciones y sacrificios.
Ahora, pensemos los argentinos… ¿cuál es nuestra bandera?..la propia, la de los sueños por cumplir, y la del camino desandado…¿Será que estamos en el tiempo de llevarla con orgullo y dignidad como los próceres de antaño? Las dificultades de estos tiempos, nos comprometen a todos, adultos, jóvenes, y niños a seguir proponiendo la “construcción” de lo venidero, enarbolando la bandera interna, esa que quizás no se ve a simple vista, pero que es el motor que nos impulsa a los desafíos.
Andar por la vida sin bandera sería declararnos muertos desde el vamos. No esperemos que la bandera sola nos otorgue lo mejor. Ella se carga de todo lo mejor de cada uno de nosotros y nos empuja a seguir buscándolo. De nosotros depende su permanencia casi inalterable y su brillo como símbolo de toda una Nación.

“Alta en el cielo,

un águila guerrera
audaz se eleva en vuelo triunfal;
azul un ala del color del cielo,
azul un ala del color del mar….”
(Quesada – Illica)